LA SÁBANA SANTA, EL LIENZO TESTIGO DE LA PASIÓN DE CRISTO

 

De las innumerables riquezas que atesora la Madre de Ciudades, una de las más antiguas y sagradas es la Sábana Santa, que en realidad es una copia del Santo Sudario original que se preserva y al que se le rinde culto en la ciudad italiana de Turín. Y el modo en que se produjo la copia es uno de los misterios que aún permanecen irresueltos hasta nuestros días, aunque ello no hace más que acentuar la fe inquebrantable del Cristianismo en el lacerante testimonio de la pasión y resurrección de nuestro Señor Jesucristo.

Santiago del Estero es una de las pocas provincias del mundo bendecidas con la presencia permanente de una copia del original de La Sabana Santa. La misma permanece en custodia de los padres y religiosos dominicos del convento de Santo Domingo, y se halla en exposición en el templo que la Orden posee en nuestra ciudad capital. 
De acuerdo con la opinión de especialistas en la materia, el sacratísimo lienzo original recaló en Santiago del Estero en el año 1553 y aquí permaneció hasta el año 1767, y la copia del mismo, que actualmente se halla en posesión de la Orden Dominica, sería la más perfecta de las escasas 56 reproducciones copias diseminadas por el mundo. 
El Santo Sudario permanecía celosamente atesorado en la catedral de Chambery (Francia), pero hacia el año 1532 este templo es víctima de un incendio que llega a afectar el cofre de metal que guardaba la santa reliquia, dañándola en parte, lo que obliga a repararla y, para mayor seguridad, envolverla entre dos mantos. 

Obsequio de Felipe II 
Cuando en 1534 las hermanas clarisas emparcharon el sudario y lo colocaron entre dos paños de igual medida, para su mayor protección, se produjo un segundo milagro. 
En efecto, al ser retirados en 1578, año en que los Saboya se lo llevaron a su nueva capital, Turín, se descubrió que la imagen de Nuestro Señor, su sangre, sus marcas y hasta el polen de Palestina, habían pasado a ellos. 
El sagrado manto fue depositado en la gran catedral de Turín, contigua al Palacio Real y desde 1694, yace en la capilla que Guarino Guarini construyó especialmente para él. 
En 1804, a su paso por Turín rumbo a París, el Papa Pío VII veneró la Sábana Santa. Once años más tarde, cuando Roma fue ocupada por las tropas napoleónicas, el Santo Padre se exilió en Turín, ocasión en que el Rey Victor Manuel I determinó en honor a su huésped una exhibición pública de la Santa Síndone. 
En 1980 se dispuso una ostensión privada para el nuevo Papa, Juan Pablo II, que volvió a peregrinar a Turín en 1998 y en el 2000. 
De los dos paños que cubrieron el Sudario, uno fue entregado a Francia, por haber sido la nación depositaria de tan sagrada reliquia durante tanto tiempo y la otra a España, potencia del momento, cuyo soberano, el rey Felipe II, en su deseo de impulsar la evangelización de sus vastos dominios americanos, la entregó a la Orden de los Jesuitas, cuyos misioneros la llevaron a Santiago del Estero en 1585. 
El manto fue colocado primeramente en la catedral de la segunda ciudad más antigua de la Argentina (fundada en 1553), sede del Obispado del Tucumán, y después en el convento que la Compañía levantó en aquella población. 
En pleno siglo XVIII los jesuitas fueron expulsados del Imperio por lo que el convento pasó a manos de los dominicos, sus custodios hasta nuestros días. 
La Argentina es depositaria de una de las reliquias más valiosas de la Cristiandad, algo que su población, profundamente católica, venera con devoción.

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